De aventuras

De aventuras

24/05/2016

Antiguamente los colores para pintar se obtenían pulverizando determinados minerales y materias orgánicas y mezclando después ese polvo con bases oleaginosas, ácidos, aglutinantes y otros compuestos que le pudieran proporcionar estabilidad química y adherencia. Algunos de estos pigmentos eran realmente difíciles y caros de conseguir, dada su procedencia (además de complicados de procesar): así, por ejemplo, uno de los colores más exclusivos y costosos era el azul ultramar, conocido principalmente por ser usado en el renacimiento para decorar zonas destacadas de algunas piezas -como los mantos de las vírgenes- y al alcance de pocos debido al mineral que lo hacía posible (la piedra lapislázuli, procedente de la zona de la actual Afganistán y de un alto precio). El color rojo podía obtenerse de unos insectos llamados cochinillas, de los que se extrae un colorante carmín muy apreciado para diversos fines (y que en la actualidad se sigue usando, aunque con menos frecuencia); el verde, de la malaquita; el carbón vegetal podía emplearse para obtener el color negro, etc. Esta manufacturación de los colores daba como resultado una paleta muy especial y específica de cada época y autor (es a comienzos del s.XX cuando se empiezan a producir pigmentos de forma industrial, aunque ya existían sintéticos con anterioridad a esta fecha), pudiéndose analizar una obra, temporalmente hablando, en base a los pigmentos empleados en su ejecución.

2 ensayos críticos
VER TODAS LAS TIRAS
Si deseas usar alguna de las imágenes, contacta con Virt en virt@lolamuseologa.com
web by llzz